lunes, 8 de julio de 2013

Enocs modernos

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Génesis 5:24.

Después de la caída de Adán desde un estado de felicidad perfecta a una condición de pecado y de miseria, hubo peligro de que los hombres y las mujeres se desanimaran... Pero las instrucciones que Dios dio a Adán, repetidas por Set y practicadas por Enoc, despejaron las tinieblas y la tristeza, e infundieron al hombre la esperanza de que así como por Adán vino la muerte, por el Redentor prometido vendría la vida y la inmortalidad. En el caso de Enoc, se les enseñó a los fi eles afligidos que mientras vivieran entre gente corrupta y pecaminosa que estaba en rebelión abierta y atrevida contra su Creador, si obedecían y tenían fe en el Redentor prometido, obrarían justicia como el fi el Enoc, serían aceptados por Dios y finalmente elevados a [la presencia] de su Trono celestial. Por su separación del mundo y la dedicación de gran parte de su tiempo a la oración y la comunión con Dios, Enoc representa al pueblo leal de Dios en los últimos días, que vivirá separado del mundo. La maldad prevalecerá en una terrible proporción sobre la tierra. Las personas se entregarán a toda maquinación de sus corazones corruptos, y vivirán según sus filosofías engañosas, rebelándose contra la autoridad del altísimo Cielo. Los hijos de Dios se separarán de las prácticas pecaminosas de los que los rodean, y buscarán la pureza del pensamiento y la conformidad santa a la voluntad divina hasta que su imagen se vea refl ejada en ellos. Como Enoc, se estarán preparando para ser trasladados al cielo. Entretanto se esfuerzan por instruir y advertir al mundo, no se conformarán al espíritu y las costumbres de los incrédulos, sino que los condenarán por su conversación santa y su ejemplo de piedad. La traslación de Enoc al cielo justo antes de la destrucción del mundo por un diluvio, representa la traslación de todos los justos vivos de la tierra, previa a su destrucción mediante el fuego. Los santos serán glorifi cados en la presencia de quienes los han odiado por su obediencia leal a los Mandamientos justos de Dios.

Enoc instruyó a su familia acerca del diluvio. Matusalén, el hijo de Enoc, escuchó la predicación de su nieto Noé, quien advirtió fi elmente a los habitantes del mundo antiguo que una gran inundación vendría sobre la tierra. Matusalén y sus hijos y nietos vivían cuando se construía el arca. Ellos y otros recibieron instrucción de Noé y lo ayudaron en su trabajo –Signs of the Times, 20 de febrero de 1879; parcialmente en Patriarcas y profetas, p. 76

domingo, 7 de julio de 2013

Detalles de Enoc


De éstos también profetizó Enoc,séptimo desde Adán, diciendo:
He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares. Judas 1:14.

Dios reveló a Enoc... el plan de la redención. Mediante el Espíritu de profecía 
lo llevó a través de las generaciones que vivirían después del diluvio, y le mostró 
los grandes eventos relacionados con la segunda venida de Cristo y  el fi n del mundo.
Enoc había estado preocupado acerca de los muertos. Le había parecido 
que los justos y los impíos se convertirían igualmente en polvo, y que ese sería 
su fi n. No podía concebir que los justos vivieran más allá de la tumba. En visión 
profética, se lo instruyó en lo concerniente a la muerte de Cristo y se le mostró 
su venida en gloria, acompañado de todos los santos ángeles, para rescatar a 
su pueblo de la tumba. También vio la corrupción que habría en el mundo 
cuando Cristo viniera por segunda vez, y que habría una generación presumida, 
jactanciosa y empecinada que negaría al único Dios y al Señor Jesucristo, 
pisoteando la Ley y despreciando la redención. Vio a los justos coronados de 
gloria y honor, y a los impíos desechados de la presencia del Señor, y destruidos 
por el fuego...
A través de las bendiciones y los honores otorgados a Enoc, el Señor enseña 
una lección de gran importancia: Todos los que por la fe confían en el Sacrifi cio 
prometido y obedecen fi elmente los Mandamientos de Dios, serán recompensados. 
Nuevamente, aquí se representan dos grupos que han de existir hasta 
la segunda venida de Cristo: los justos y los impíos, los leales y los rebeldes. 
Dios recordará a los justos, quienes lo temen. Por cuenta de su amado Hijo, 
los respetará y honrará, y les dará vida eterna. Pero a los impíos que pisotean su 
autoridad los raerá de la tierra, y serán como si nunca hubiesen sido. 
Después de la caída de Adán desde un estado de felicidad perfecta a una 
condición de pecado y miseria, hubo peligro de que los hombres y las mujeres 
se desanimaran... Pero las instrucciones que Dios dio a Adán, repetidas por 
Set y practicadas por Enoc, despejaron las tinieblas y la tristeza e infundieron 
al hombre la esperanza de que, así como por Adán vino la muerte, por el Redentor 
prometido vendría la vida y la inmortalidad –Signs of the Times, 20 de 
febrero de 1879; parcialmente en Patriarcas y profetas, pp. 73-76.

viernes, 5 de julio de 2013

Caminando con Dios


Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años.
Génesis 5:22.

De labios de Adán había aprendido la triste historia de la caída y la preciosa 
historia de la gracia magnánima de Dios, en el don de su Hijo como el 
Redentor del mundo. Creía y confi aba en la promesa dada. Enoc era un hombre santo. 
Servía a Dios con un corazón indiviso. Advertía la corrupción de 
la familia humana, y se separó de los descendientes de Caín y los amonestaba 
por su gran maldad. Había algunos sobre la tierra que reconocían a Dios, que 
lo temían y lo adoraban. Pero el justo Enoc estaba tan afl igido por la maldad 
creciente de los impíos que no se asociaba diariamente con ellos, temiendo 
que la infi delidad de esos hombres pudiese afectarlo y que nunca más fuese a 
considerar a Dios con la reverencia santa que merecía su exaltado carácter. Su 
alma se afl igía al contemplar que pisoteaban diariamente la autoridad de Dios. 
Decidió separarse de ellos y pasar mucho tiempo en la soledad, dedicándose a la 
meditación y a la oración. Así esperaba ante el Señor, buscando un conocimiento más claro de su voluntad, a fi n de cumplirla. Dios comulgaba con Enoc por 
medio de sus ángeles, y le dio instrucciones divinas. Le hizo saber que nunca 
más contendería con los seres humanos rebeldes; que era su propósito destruir 
a la raza pecaminosa trayendo un diluvio sobre la tierra.
El hermoso Jardín del Edén, del cual habían sido expulsados nuestros primeros padres, permaneció hasta que Dios determinó destruir la tierra mediante 
un diluvio. El Señor había plantado ese jardín y le había otorgado una bendición especial, y en su maravillosa providencia lo retiró de la tierra; y lo volverá a 
traer, adornado con una gloria mayor [que la que tuvo] antes de que fuera quitado. 
Dios tenía el propósito de preservar un espécimen de su obra perfecta de 
la creación, libre de la maldición que el pecado había desatado sobre la tierra...
Enoc continuó creciendo en su afi ción por el cielo al comulgar con Dios. 
Su rostro irradiaba una santa luz... El Señor amaba a Enoc, porque lo seguía 
constantemente... Anhelaba unirse cada vez más con Dios, a quien temía, reverenciaba y adoraba. 
El Señor no permitiría que Enoc muriera como los otros, 
por eso envió a sus ángeles para que lo llevasen al cielo sin ver la muerte. En 
presencia de los justos y de los impíos, Enoc fue arrebatado [al cielo] –Signs of 
the Times, 20 de febrero de 1879.

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